Época moderna

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Los siglos XVI, XVII y XVIII en Aguilar de la Frontera son aún insuficientemente conocidos ya que apenas se han realizado estudios sobre ellos. En lo político y social, nos encontramos ante una realidad escindida en dos ámbitos que frecuentemente sufren enfrentamientos: Por una parte, el poder señorial, ejercido por el linaje de los Fernández de Córdoba; por otro, el poder municipal, compuesto por unas “élites” vinculadas a la baja nobleza, que trata de afirmar su identidad (ejemplo de ello, es el pleito de los aguilarenses contra Catalina Fernández de Córdoba en 1562). Estas “élites” locales acabarán conformando un núcleo reformista e ilustrado (representado por ejemplo en la figura de Alonso de Valenzuela) que en el XVIII estructurarán la Sociedad Económica de Amigos del País de Aguilar de la Frontera. Junto a ellos, un ingente grupo de pequeños propietarios, campesinos, artesanos y eclesiásticos conforman la sociedad aguilarense durante estos siglos.

La economía se centró en el cultivo de los cereales, del viñedo y del olivar. En Aguilar proliferó la pequeña y mediana propiedad, según consta en el catastro de Ensenada.

Urbanísticamente, Aguilar de la Frontera se abre más allá del viejo recinto medieval. Aunque su centro orgánico gira en torno al eje que conforma la Cuesta de Jesús, donde se sitúan, sin solución de continuidad, el poder señorial, representado por el viejo castillo; el espiritual por la Parroquia del Soterraño que sufrirá la gran ampliación de 1530 y posteriores añadidos durante el Barroco y el municipal sustanciado en las Casas Consistoriales, nuevas arterias se desarrollan por otras áreas. También surgen algunas de las casas señoriales que aún se conservan en la Calle Moralejo, se edifica el Convento e Iglesia de las Descalzas o la Torre del Reloj (1774).

Pero, en definitiva, son siglos de luces y sombras, de moderada expansión (XVI y XVIII) o de crisis (XVII: gran mortandad -con frecuentes epidemias: en torno a 1600, años centrales y 1680- y caída del sector agrícola, sobre todo el vinícola) en los que la población aguilarense pasa de los 1136 vecinos (aproximadamente 3800 habitantes) en 1530 a los 2600 a principios del XIX (8541 almas).

Aguilarenses destacados de estos siglos son Rodrigo de Varo y Antequera, el mencionado Alonso de Valenzuela, los hermanos Gutiérrez de Salamanca y José Fernández de Toro, obispo de Oviedo.